Bienes Ríces

Botas de Hule y Tortilla Casera: Cómo vendí una finca a 17 italianos

5 min de lectura Por Osman David Salas Ulate
Finca en San Carlos

En el mundo de los bienes raíces, muchos piensan que los negocios se cierran en oficinas con aire acondicionado y café gourmet. Pero en la Zona Norte de Costa Rica, la realidad es muy distinta. Mi experiencia me ha enseñado que una finca no se vende desde un escritorio; se vende ensuciándose las botas, saltando cercas y conectando con la esencia de la tierra.

La Anécdota: "La Gran Expedición de Santa Rosa de Poco Sol"

Todo empezó con un sueño: una comunidad privada para varias familias italianas que buscaban terrenos de entre 5,000 y 10,000 m² para crear su propio refugio. El día de la cita en Santa Rosa de Poco Sol, no llegó un comprador, ¡llegaron 17!

El reto fue inmenso. Tenía que guiar a este gran grupo mientras cuidaba del dueño de la finca, un señor mayor cuya salud debía vigilar constantemente. Durante 5 horas de caminata, atravesamos laderas y saltamos alambres de púa bajo el clima cambiante de San Carlos: de la lluvia intensa al sol radiante.

En el camino, la naturaleza nos dio un espectáculo: encontramos a un novillo de engorde atascado en un charco. Los 17 italianos intentaron ayudarlo y, cuando el animal logró salir por su cuenta, estallaron en aplausos. Ese espíritu de comunidad fue la primera señal de que estaban en el lugar correcto.

El Cierre: Un Banquete "De la Tierra a la Mesa"

Terminamos la ruta en una modesta casetilla de madera, sudados y sedientos. Allí, la magia terminó de suceder. Les teníamos preparado un refrigerio basado puramente en los insumos de la misma finca:

  • Frutas frescas recolectadas durante el camino.

  • Tortilla palmeada casera con queso fresco.

  • Otras preparaciones artesanales elaboradas con productos cosechados en esa misma tierra.

  • Un refrescante fresco de sandía.

Nos sentamos a la orilla del hermoso río que atraviesa la propiedad y, en una mezcla de español e italiano "a medio resolver", compartimos los alimentos. No solo estaban probando comida; estaban probando la fertilidad y la generosidad

de su futura inversión. Ese momento de autenticidad los enamoró por completo.

A los pocos días, nos reunimos en Escazú para firmar la venta.

Hoy, esa comunidad italiana sigue desarrollándose. Me queda la satisfacción de saber que el éxito en bienes raíces llega para quienes no temen ponerse las botas de hule y entender que cada propiedad tiene un sabor único que merece ser compartido.

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